EL TERRAZO ABELARDO DIAZ ALFARO PDF

Muere en Guaynabo el 22 de julio de Sus restos se transportaron? La cabeza erguida, las aspas filosas estoqueando el capote en sangre de un atardecer luminoso. Y vi al jincho luchar en su mente estrecha, recia y primitiva con una idea demasiado sangrante, demasiado dolorosa para ser realidad. Los cuernos cortos, la poderosa testa mapeada en sepia. La dilatada y espaciosa nariz taladrada por una argolla de hierro.

Author:Faukazahn Dudal
Country:Latvia
Language:English (Spanish)
Genre:Personal Growth
Published (Last):10 April 2014
Pages:356
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ISBN:337-1-92890-700-3
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Sombra imborrable del Josco sobre la loma que domina el valle del Toa. La cabeza erguida, las aspas filosas estoqueando el capote en sangre de un atardecer luminoso. Y vi al jincho luchar en su mente estrecha, recia y primitiva con una idea demasiado sangrante, demasiado dolorosa para ser realidad. Los cuernos cortos, la poderosa testa mapeada en sepia. La dilatada y espaciosa nariz taladrada por una argolla de hierro. Se detuvo un momento. Alargaba la cabeza, y el bramar culminaba en un mugido largo y de clarinada.

En los belfos negros y gomosos la baba se le espumaba en burbujas de plata. Los chiquillos de vientres abultados perforaban el aire con sus chillidos: -El Josco pelea con el americano de los Velilla. En el redondel de los cerros circunvecinos las voces se hicieron ecos. Los chiquillos azuzaban al Josco. Jey… Jey… Oiseee… Josco -gritaba la peonada. La baba se espesaba. Los belfos ardorosos resonaban como fuelles.

Y se vio al Josco recular arrollado por aquella avalancha incontenible. El Josco hincaba las patas traseras en la tierra buscando un apoyo para resistir, pero el blanco lo arrastraba.

Orondo se paseaba por el cercao de las vacas. Tranqueaba hacia el cercao de los bueyes de arrastres, de cogotes pelados y de pastar apacibles. Levantando la cabeza sobre la alambrada, dejaba escapar un triste mugido. Don Leopo, se lo dije.

BALA ATIBALA MANTRA IN TELUGU PDF

Abelardo Díaz Alfaro

Sombra imborrable del Josco sobre la loma que domina el valle del Toa. La cabeza erguida, las aspas filosas estoqueando el capote en sangre de un atardecer luminoso. Y vi al jincho luchar en su mente estrecha, recia y primitiva con una idea demasiado sangrante, demasiado dolorosa para ser realidad. Los cuernos cortos, la poderosa testa mapeada en sepia.

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