ENTRE TUS DEDOS HELADOS FRANCISCO TARIO PDF

Eran unas aguas pesadas y negras, sobre las cuales se reflejaba la luna. Los perros se detuvieron de pronto, aunque no cesaron de ladrar. Eran tres. Cruzaron unas nubes por el cielo y nos quedamos repentinamente a oscuras. Era muy sorprendente la luz que iluminaba aquel recinto, como si el resplandor de la luna, al penetrar en las aguas, adquiriese una vaga tonalidad verdosa, muy grata a la vista.

Author:Zulutaxe Yozshukus
Country:Mongolia
Language:English (Spanish)
Genre:Life
Published (Last):28 January 2006
Pages:34
PDF File Size:4.64 Mb
ePub File Size:1.12 Mb
ISBN:964-1-36880-512-1
Downloads:92721
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Samujora



Some people see things that others cannot. Tales of Mystery and Imagination. Eran unas aguas pesadas y negras, sobre las cuales se reflejaba la luna. Los perros se detuvieron de pronto, aun-que no cesaron de ladrar. Eran tres. Cruzaron unas nubes por el cielo y nos quedamos repentinamente a oscuras. Era muy sorprendente la luz que iluminaba aquel recinto, como si el resplandor de la luna, al penetrar en las aguas, adquiriese una vaga tonalidad verdosa, muy grata a la vista.

Eso era todo. Volvimos sobre nuestros pasos, avanzando trabajosamente hacia las escaleras. Tuvo un gran trabajo el hombre para introducir la llave en la cerradura y hacer girar la enorme puerta, que tuvimos que empujar los cuatro. De hecho, era una puerta descomunal para una casa como aquella, con una sola ventana iluminada.

Uno de los tres hombres iba al frente de nosotros encendiendo las luces. Por entre las ramas negras asomaba el brillo plateado del estanque. Algunos de los retratos mostraban unas tiernas leyendas escritas con tinta violeta.

Hasta pudieran ser muy bien los homicidas aquellos perros del demonio. Esto era desolador y me originaba una profunda tristeza. Entonces me sentaba en una banca y miraba sin cesar el estanque, tratando de recordar algo. Los jardineros aguardaban a mi lado, con los brazos cruzados, fumando. Tal vez ni me interesara saberlo. Y deduje que mi suerte estaba echada. Mataba el tiempo paseando, rodeando pensativamente el estanque, reflexionando. No tuve ni la menor duda. No supe. Por fortuna, las avenidas eran muy espaciosas, con abundante sombra, y soplaba una refrescante brisa.

GARDINER HIEROGLYPHEN PDF

Francisco Tario, el fantasma que ríe

.

IBN TAYMIYYA AGAINST THE GREEK LOGICIANS PDF

FRANCISCO TARIO ENTRE TUS DEDOS HELADOS PDF

.

Related Articles