FUERTE ES EL SILENCIO ELENA PONIATOWSKA PDF

Mizshura When the deprivations of the war became poniatowsk much and the southern part of France, the Zone librewas invaded by Germany and Italy inthe family left France entirely for Mexico when she was ten years old. Spaces which do not have books in or on them contain photographs of her family and paintings by Francisco Toledo. Elena Poniatowska The Voices of the Earthquake The book contains interviews with informants, eyewitnesses, former prisoners which are interspersed with poems by Octavio Paz and Rosario Castellanosexcerpts from pre Hispanic texts and newspaper, as well as political slogans. Bulletin of Hispanic Studies.

Author:Memuro Gagor
Country:Austria
Language:English (Spanish)
Genre:Politics
Published (Last):26 December 2011
Pages:150
PDF File Size:10.72 Mb
ePub File Size:9.69 Mb
ISBN:584-9-92574-662-5
Downloads:28939
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Fenrijind



Elena Poniatowska Fuerte es El Silencio Los de Nezahualcyotl secuestran camiones, cierran comercios, levantan actas de denuncia y los nios desde los cinco aos aprenden a defenderse: trabajan de limpiabotas, lavadores de autos y se alquilan en los restaurantes y en las oficinas para hacer mandados o sacar la basura. En Semana Santa por ejemplo en vez de visitas a las siete casas, penitencias y largusimas oraciones, los hombres se juntaron para pavimentar dos calles y enchapopotarlas y convirtieron as su oficio de tinieblas en un acto de provecho para la comunidad.

Su actitud frente a la vida es distinta a la de otros inmigrados que pretenden continuar en la ciudad una vida de pueblo "noms que con televisin", recogen lea en las cercanas, son aguadores, se ofrecen para acarrear cubetas a las casas y quisieran sembrar una mnima milpa en tres metros cuadrados. Ciudad Nezahualcyotl es ms realista y hasta las mujeres se ponen "bus as". La maquila de ropa es uno de los empleos de muchas mujeres que ensamblan hasta cien pantalones a la semana a cambio de pesos, poniendo ellas el hilo, la mquina de coser, los botones, los cierres y el hombre que ha de entrar en el Elena Poniatowska Fuerte es El Silencio pantaln.

Estas mujeres maquiladoras son, junto con algunos obreros, seres privilegiados que cuentan con algo seguro para llevarse a la boca; los dems colonos respiran el polvo y salen ua ver que cae". Haba que apuntar el nmero de sillas, la mesa, la estufa de petrleo, la alacena, la letrina, si es que exista, las camas, los vasos y dems cachivaches.

Lo que me llam la atencin en cada cocina de la vecindad fue la ausencia de tenedores. Cucharas siempre las vi, anchas, bonitas, de peltre para los frijoles aguados, la sopita de pasta, el t de hoja que se sorbe despacito, pero trinches, trinches de esos que blanden los diablos en las estampas? No, de eso nada. Tampoco abundaban las sillas pero ni falta que haca; se sentaban en la cama para comer y acercaban una mesa que navegaba por la habitacin como barca sin quilla, tantito ac, tantito all: su minuta: nopalitos navegantes.

Entre cucharada y sopeada atisb el color de los calzones de las mujeres que en el tendedero chillaban y rechinaban como globos de colores: lilas, morados, rojos, rosa encarnado, bugambilias, anaranjados, amarillos congo, beiges tirando a caqui, violetas, inflados por el viento, ahora s "bombachas" como los llama Julio Cortzar.

Los brasieres conservaban la huella de las medallas, llaves y dinero encajados en el borde de sus copas, alfileres de seguridad oxidados sobre el corazn. Entre los raquticos muebles resaltaba en medio de los dos la tele como un dios, comprada en abonos fciles; una gran cantidad de santitos, sobre todo de San Martn de Porres, con marco o en paspart que sale ms barato, se iluminaban y se opacaban al ritmo de la fuerza de las veladoras erguidas en una repisita junto a la crema Ponds tamao econmico y el carrete de hilo negro que siempre se ofrece.

Las pilas de cascos vacos hechos pirmide en un rincn del patio tambin me dejaron una huella indeleble, as como los detritus que nadie mueve y acaban convirtindose en fetiches: la palangana desfondada a medio patio, el zapato bocabajo sorbiendo lodo cuando en vida le dio la cara al sol, el carrito de plstico que ya no sirve, la bacinica blanca que nos mira sin parpadear.

Ya para meterse el sol, las seoras salan a tardear, su silla recargada contra el muro de su vivienda, espalda contra espalda, as como sus abuelas debieron salir al balcn de provincia "a recortar prjimo". Ahora, ya ni nimos tenan, al contrario, platicaban con una voz vencida como quien da los ltimos pasos hasta llegar a la noche: "Mi seor toma".

Ninguna irritacin en la voz de doa Ubaldina que musitaba: "Todo lo deja en la pulquera o en la casa del compadre. No tengo ni para el caf de maana, ni para las tortillas". Parecan vivir siempre como los lanzados a punto de acabar patas arriba en la cuneta mientras que el radio a todo volumen aventaba al aire ritmos guapachosos, calientes y el locutor se colaba hasta el ltimo resquicio tragndoselo todo, la miseria, la mugre, la falta de agua, el alcoholismo, la desnutricin, la violencia, las cubetas, los nios que hacen sus necesidades a la vista de todos, los adultos que las hacen por all ms lejecitos, las moscas, los zancudos, la vergenza y los hombres que durante horas se paran en las esquinas recargados en algn poste, cosa que hizo que Juan Goytisolo le advirtiera a su mujer antes de Elena Poniatowska Fuerte es El Silencio traerla a nuestro pas: "Sabes, en Mxico los hombres se la pasan rascndose las verijas".

Los golondrinos bajo su ala apenas si llegan a tres mil, pero su rostro siempre igual se renueva ao tras ao; las maras, que sobre todo se ven en el sur con sus blusas de satn solferino y azul magenta, en los camellones de la avenida Universidad, de Divisin del Norte, de Churubusco, de Popocatpetl, provienen de dos grupos: los otomes y los mazahuas, quienes estn unidos entre ellos por su tradicin de comerciantes y por pertenecer a la raza ms antigua del pas.

Primero vendieron fruta, pero ahora se acercan a los coches con sus kleenex bien alineaditos y ofrecen, por medio de slabas muy cortas, su minscula mercanca. Si uno va a su pueblo, se da cuenta que la tierra est tan erosionada que el tepetate qued a ras de piel; all se dedican a hacer comales y ollas de barro que los hombres sacan a la carretera y llevan a vender a Guadalajara, a Guanajuato, incluso a la capital, pero cuando la miseria cala hasta los huesos entonces las mujeres salen con sus maridos; las viudas, que de ningn modo pueden cultivar la tierra, se vienen a la ciudad y se sientan de maras con su hijo sobre la espalda y otro ms grandecito asido a su cadera y el tercero por all acostado, confundido entre los trapos tambachito de zurcidos l tambin, y bordan primorosamente sobre un bastidor redondo, flores, guirnaldas, pjaros, todo lo que no ven en medio de este ro cintilante de coches del cual hay que saber apartarse apenas ponen la luz verde.

Si casi todas limosnean en el sur, es porque los comuneros del Pedregal de Santo Domingo las han dejado vivir all.

Antes durmieron en el Cuadrante de San Francisco, luego se desperdigaron por Coyoacn, hasta que con cuatro palos techaron una casuchita en el Pedregal de Santo Domingo y nadie las ha echado de all, al menos hasta ahora. Lupe Rivera instal en Carreteraco, Coyoacn, un centro otom para ensear a las maras a distribuir sus bordados a lo largo de un mantel, hacer mantelitos individuales, trazar hilos de letargo sobre fundas blancas, bastillar pauelos de llorar en punto de cruz y entrelazar iniciales que han de quedar unidas hasta que se desgaste el encaje, inflar cojines para la sala y rellenar unos muecos preciosos, bebs de trapo que usan el gorro original del nio otom: los mismos holanes con que cubren la cabeza de su hijo, muchas olas blancas para espantar el fro, muchas ondas espumosas para que en ellas aniden los buenos espritus.

No hablan espaol y, por lo tanto, les ensean a leer y a escribir profesores bilinges. Las costureras reciben un sueldo de 15 pesos, ms un sobresueldo, segn su produccin, que llega hasta los 25 y los 30 diarios.

Sin embargo, a pesar de que les dan los hilos, el estambre, las telas, los bastidores en que han de bordar, pese a la sillita baja junto a la ventana, muchas maras prefieren el camelln, la cinta plateada e ininterrumpida de los coches, la moneda a cambio del chicle que una mano indiferente les tiende a travs de la ventanilla, las rosas que pasan de sus manos a las del conductor, los kleenex que hay que resguardar de la lluvia, ms que a los propios crios.

Les resulta ms entretenido, ms emocionante, ms novedoso, ms vida vivida que sentarse en una casa de Coyoacn, porque esa casa no es la gran ciudad que relumbra desde el camelln y en ella tampoco llegan a ganar los treinta, los cincuenta pesos diarios que van juntando poco a poquito en una jornada callejera de ms de ocho horas.

Una mara apodada "la burra de oro" no dejaba su da en menos de cien pesos. Se levantaba al alba para ir a proveerse de dulces y de chicles y de frutas a la Elena Poniatowska Fuerte es El Silencio Plaza del Aguilita a un lado de la Merced, pedir fiado sin darse cuenta que enriqueca a los proveedores y luego entrarle al juego de la compraventa, a la zozobra entre el "Ande cmpremelo" y la mirada indecisa del posible marchante.

Se convirti en la mejor vendedora del mundo y en la Plaza del Aguilita todos la respetaban por su habilidad. Los economistas los llaman subocupados o desocupados y califican su status de ocupacin disfrazada; muchos de ellos son campesinos que cultivan su tierra un mes o dos al ao y el resto del tiempo no encuentran quehacer.

Si cuatro de los seis millones de campesinos que trabajan la tierra dejaran de hacerlo no bajara para nada la produccin porque cuatro millones son slo subempleados, hombres que apenas si sacan de la tierra para malcomer. Se les llama campesinos porque viven en el campo y porque la nica relacin que han tenido con la vida es a travs de la tierra, pero en realidad les cuesta tanto trabajo simplemente vivir que sus das slo constan del trnsito de la maana a la noche y lo mismo sirven para un barrido que para un fregado.

Vienen a la ciudad porque sienten que aqu viven menos mal que en el campo; el ver luz elctrica, caminar sobre el asfalto, divisar parques umbrosos como el de la Alameda, levantar la cabeza para alcanzar el edificio de la Latino, es una recreacin que mitiga hasta el hambre.

Desde Aztln, desde Tlaxcala, desde Oaxaca traen la gran esperanza de encontrar trabajo, y si no trabajo, distraccin. As entre el retortijn del hambre y la atarantada, la poblacin de nuestra ciudad ha pasado de cuatro millones en a ms de seis millones en Ahora, consulense ustedes, somos ms de nueve millones. Con una tasa de crecimiento de aproximadamente 5. Las mujeres seguirn arrimndose a las casas una de cada cinco mujeres que trabajan en Mxico es sirvienta y existen sesenta mil trabajadoras domsticas nias cuyas edades oscilan entre ocho y catorce aos y los ngeles jvenes y solteros se irn a recorrer el centro a ver si encuentran chamba de cuidadores de coches, a caminar todas esas calles repletas de coches y de las asechanzas de la sfilis y la gonorrea.

Una vez una angelota cacariza de sas que apachurran sus alas en la esquina de San Juan de Letrn le grit a un quinceaero de sombrero de palma: "Oye chulo, le saco punta a tu pizarrn? Pone sus palos, dos o tres piedras, un plastiquito, junta sus cartones y cuando hay suerte sus lminas y de all no hay quien lo saque. De paracaidista ha pasado a colono! Y ahora una chambita de esas que los socilogos llaman despreciativamente subempleos, pero ay cmo rinden!

Al rato el compadre Albino le escribe al Chente, quien se est muriendo de hambre all en Pachuca: "Vente compadrito, no ests sufriendo all". Y aunque no le llegue la carta porque en el D. Resulta que reas enteras de las colonias proletarias son pachuqueas. En la colonia Tablas de San Agustn, me dijo un da Jesusa Palancares: "Aqu todos somos de Oaxaca, por eso no hay robos, todos nos ayudamos porque somos del mismo cerro peln". Cartas van o "mandadas a decir" y a vuelta de correo se viene una familia de cinco, de siete, de ocho ilusos, que repiten la frase que les "mandaron a decir" como un encantamiento: "Compadre, consegu un terrenito, incluso aqu se rumora que nos van a pasar a una unidad habitacional".

As, a puro vente y vente los mexicanos hemos creado una ciudad monstruosa, de ms de nueve millones de habitantes. Un ejemplo significativo es Ciudad Nezahualcyotl, que en tena ciento veinticinco mil habitantes y ahora tiene dos millones y medio. El problema de la migracin viene de mucho tiempo atrs. La revolucin de hizo que los campesinos huyeran de sus tierras convertidas en campos de batalla y llegaran a la capital a ver si aqu "se les dificultaba menos la vividera". Los crculos se agrandan, cada vez es ms ancho el cinturn de miseria, pulula un mundo que se va achaparrando hasta quedar a ras del suelo; pocilgas en las que uno se mete a gatas y de las que emergen en la neblina de la madrugada unos ngeles sucios, de alas trasquiladas y lodosas que se escurren lastimeramente entre las peas para salir a ganarse "el gasto" del da, a vuelta y vuelta, tronndose los dedos, a ver qu cae, a ver cmo los trata la pinche suerte.

Aunque a nosotros nos parezca mejor una choza campesina, por ms humilde que sea, a un tugurio proletario, ellos, los que vienen del campo, siguen creyendo en la bondad de la gran ciudad que algn da les dar lo que no les ha dado la tierra; la lotera, la suerte te d Dios, los premios del radio y de la televisin, las canciones dedicadas a mi mamacita porque hoy es el da de su santo, los aparatos domsticos que regala Pelayo, las fotonovelas, las radionovelas, las telecomedias, los dentfricos, las stayfree, el pollo en cubitos y la familia pequea, el consulte a su mdico, Paula Cusi y su horscopo para el da siguiente, el concurso de los aficionados que por telfono entonan, mientras la orquesta se va por otro lado y ellos desenroscan nerviosamente el hilo negro: "Amorcito corazn", el Correo del Corazn, los coqueteos con la voz grasienta, insinuante del locutor: "De veras linda, se llama usted Merceditas?

Y, qu hace? Trabaja o estudia? En las banquetas se instalan los vendedores de pomadas para los callos, los merolicos, los dulceros que llevan su charolita sobre un tripi de madera y la acomodan a media Elena Poniatowska Fuerte es El Silencio banqueta, los merengueros que en un tiempo aadan a los pelos de ngel de su merengue unas cuantas briznas de mariguana para hacer que los nios entraran en sabor hasta que los consign la autoridad y en el tambo se comieron solos toditos sus merengues, los vendedores de agujetas, de botones de colores, de presiones, cierres y ganchitos, dedales para coser, los yerberos que ofrecen ojos de venado para el aire constipado, colibrs que han de acomodarse debajo del fondo, a la altura del corazn para que el ingrato vuelva y deje de mirar a la otra.

Poco a poco ascienden en la jerarqua angelical hasta llegar a cuidador de coches, globero, billetero, chcharo, voceador, bolero, machetero, ropavejero, abonero, barrendero, lechero, tortero, camotero, taquero y diablero el que se roba la luz y la conecta por medio de diablitos , afilador de cuchillos, cortinero; forman parte de un gremio que ms o menos los defiende y los explota y finalmente arriban por riguroso escalafn al ms alto peldao del cielo: cartero, ruletero, fotgrafo ambulante, "taquimeca", camionero y hasta peluquero.

Siempre me llam la atencin aquel cartero que un da no se report. Lo fueron a buscar a su vivienda. Cansado de repartir y de no recibir se haba quitado los zapatos y tranquilamente lea una tras otra veinte mil cartas que fueron encontradas en su ropero.

Se dice, por ejemplo, que las rosas que blanden los pobres en su cucurucho de papel encerado, en cada alto, son de un poltico quien fue dueo de peridicos y cultiva ahora un sembrado de hojas verdes y ptalos de colores en lo alto de las Lomas de Chapultepec.

Por eso las rosas de las Lomas son ms frescas que las de Coyoacn; se dice tambin que los acaparadores de las cajas de kleenex estn haciendo su agosto al fiarlos a los golondrinos y a las maras en la madrugada de la Merced. Pero ningn arcngel ms temible que el de los pepenadores.

Esta ciudad avienta siete mil toneladas de basura diaria que se tira a lo largo de la calzada Ermita Iztapalapa y le redita al arcngel tres millones de pesos mensuales. La "gente de Rafael Moreno", el arcngel negro de fauces de guila y pico que desgarra, almacena, selecciona y separa la basura: aqu el plstico, aqu el fierro, aqu la chatarra, aqu los polticos ladrones, aqu las ratas del PRI, aqu los beatos del PAN, aqu los recin nacidos del PMT, y la materia orgnica va a dar a una molienda que despus la fermenta y sirve como abono.

El "compos" grueso llamado irnicamente "rico suelo" se utiliza en la agricultura. El mismo "compos" molido dos veces y encostalado fertiliza las reas verdes del Distrito Federal.

O para decirlo en trminos elegantes: es una sopita de nuestro propio chocolate. El crculo se cierra. Nos alimentamos, evacuamos y volvemos a alimentarnos. No hay de otra. La tierra es una misma y una sola bola. All va un navio cargado cargado, cargado de. A ver, seoras y seores, dnde qued la bolita? All estn los pepenadores, listos para echrsele encima.

Ningn gremio es ms avorazado que el de los pepenadores cuyo plumaje se eriza a la vista del primer visitante. Sus montones de basura suben al cielo en crculos concntricos de pestilencia y ellos los vigilan con sus alas bien extendidas de zopilotes come-muerte. Los socilogos y los economistas suelen llamar "marginados" a los ngeles de la ciudad. Han llegado tarde al banquete de la vida y slo les tocaron las sobras. Se alimentan de migajas, en realidad ellos mismos son "sobrantes", remoras adheridas al cuerpo de la gran ballena.

Excluidos del desarrollo econmico, poltico, social, dependen sin embargo de l, le prestan servicios, mejor dicho, estn a su servicio; la clase media baja, la media y la alta los usan de criados. Y eso cuando bien les va. No tienen seguro social, ni cartilla, ni certificado, ni acta de nacimiento, nadie los reconoce. Inseguros, viven en la oscilacin permanente. No saben ni dnde caern muertos.

Ahora la desocupacin se ha triplicado. Si en somos 9. Cul ser nuestra vida? De a cmo nos tocar? Nuestra tasa de nacimientos es del 3. A un brazo de nio, a una pierna, a la pancita?

Yo jams les entiendo a las estadsticas y nadie me ayuda a comprenderlas porque adems nunca coinciden ni por equivocacin. Alguna vez, se lo dije al economista Gilberto Loyo y me respondi: "Ponga usted lo que quiera al fin, Elena, que nadie sabe nada de nada" Si ahora somos Por eso nunca veo la teleserie "El planeta de los simios", no vaya a ser la meritita verdad.

Me dicen que cmo puede gustarme esa calle tan fea.

EH1008H-4 NANO PDF

Fuerte es el silencio

.

LA CAIDA DE CONSTANTINOPLA RUNCIMAN PDF

FUERTE ES EL SILENCIO ELENA PONIATOWSKA PDF

.

PERCY JACKSON E LA MALEDIZIONE DEL TITANO PDF

Fuerte Es El Silencio - Elena Poniatowska

.

Related Articles